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Son muchas corrientes y caminos de crecimiento personal y espiritual que hablan del silencio e invitan a experimentar con él. La práctica de la plena conciencia y el silencio interno ha sido ensalzada por la medicina y la psicología como una eficaz herramienta para aumentar la autoconciencia y disfrutar de salud y bienestar. Por desgracia, en el ajetreado y sobre estimulado mundo occidental no siempre encontramos el tiempo o la tranquilidad necesarios para cultivarla.

Vivir en un estado de plenitud y alegría, apreciar la belleza de la vida, sentirse en paz con uno mismo y con los demás no es un estado reservado para “los elegidos, los yoguis o los avanzados”. Es nuestro recurso más poderoso: EL SILENCIO. Porque sólo cuando la mente se silencia, podemos escuchar QUIÉN SOMOS y cuál es NUESTRO PROPÓSITO en la vida, que son de las dos claves más importantes para la armonía, el bienestar y la satisfacción.

Como una radio que nunca se apaga, nuestro pensamiento siempre está ahí, reviviendo acontecimientos del pasado, proyectando ansiedad o temor hacia el futuro o recordándonos las obligaciones que tenemos pendientes. Pero la calma es esencial para conocer la alegría y la paz. Necesitamos el silencio como el aire que respiramos, porque si nuestras mentes están llenas de pensamientos y palabras, no queda espacio para nosotros.

El noble silencio nos concede la libertad necesaria para admirar las maravillas que nos ofrece la vida, para sanar mental y físicamente nuestro cuerpo, y por encima de todo, nos permite escuchar la llamada del CORAZÓN. Y sólo cuando escuchamos esa llamada, somos capaces de responder, quizás por primera vez, a todas esas preguntas que resuenan en él.

Más allá de aprender a silenciar la mente: se trata de estar en sintonía con el momento presente, de soltar el constante control y, en definitiva, de conectar con tu verdadera esencia.

En este silencio interno es donde el proceso de pensar se transforma en un acto de poder y de creación, donde descansa y se recupera el Ser y donde la vida además de vivida, ¡ES CELEBRADA!